Amor animal

Anoche volvía de ver Truman, la nueva película de Cesc Gay. En ella, Tomás (Javier Cámara) viaja desde Canadá para encontrarse con su amigo Julián (Ricardo Darín), pues gracias a la prima de este, Tomás se ha enterado de que su cáncer está más avanzado y que Julián ha decidido no tratarse más. Viaja para este encuentro con la intención de hacerle cambiar de idea. Una maravillosa película sobre la amistad, sobre la vida, la aceptación de la propia muerte y la aceptación de esta por parte de los seres queridos.

Por otro lado película relata la preocupación que siente Julián por lo que le va a pasar a su perro Truman cuando él fallezca. Llevan muchos años conviviendo juntos, con muchas rutinas y momentos compartidos, y le preocupa cómo vivirá el animal su fallecimiento. Durante los días que Tomás está con él tratan de buscarle un hogar en el que poder quedarse. Hasta que lo consiguen…

Mientras volvía a casa me crucé con un chico que paseaba a su gata de dos meses, Kiwi, por la calle, sin arnés. Sorprendida al verlo me paré y le pregunté, mientras Kiwi hacía de mis manos su nuevo entretenimiento, cómo es que la llevaba suelta y la paseaba por la calle. Me dijo que le daba pena que estuviera encerrada todo el día entre cuatro paredes. Desde que la adoptó, con pocos días, la sacaba a la calle para enseñarle que el mundo era un lugar bonito, aunque a veces no lo pareciera. Los dejé paseando por el parque y seguí mi camino.

Anoche me acosté pensando que el amor que se puede llegar a tener hacia un animal es algo tan maravilloso, que me dormí con una sonrisa en la boca.

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