Cuando el amor agobia

Cuando no estoy con ella me siento más tranquilo y libre.
Fue volver a hablar con él y suponer que me diría de volver juntos y empezar a ahogarme y a marearme.

Ayer en consulta dos pacientes hacían referencia a sus respectivas relaciones de pareja con estas palabras. Y me sorprendió la falta de autoconocimiento y de autopercepción que los seres humanos tenemos, es decir, cómo no llegamos a escuchar y comprender nuestro cuerpo cuando nos habla. Porque, el cuerpo nos habla, ¿no?

La sensación de libertad y de bienestar, así como la de felicidad, no nos la proporciona nadie ni nada. Somos nosotros mismos los que nos permitimos sentir una serie de sentimientos en unos momentos y no en otros. ¿Por qué sino, en una fiesta, que se supone que es un momento de jolgorio y alegría, siempre encontramos a un amigo que está de bajón? La fiesta en sí no supone felicidad; esa la trae cada uno de casa.

Lo mismo pasa con las relaciones. No es que una persona nos haga infeliz o nos corte las alas. Somos nosotros los que por algún motivo, en algún momento, dejamos de estar a gusto con esa persona y no disfrutamos de ella como antes. Y el simple hecho de alejarnos de ella físicamente nos hace sentir pletóricos, sin ataduras.

Así pues, nadie ata a nadie, nadie aporta felicidad a nadie. Somos nosotros los que nos la aportamos o acercamos para vivir nuestra propia felicidad y los que, observándonos, podemos ir dando pasos hacia el crecimiento y madurez personal.

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