El fluir de las relaciones humanas

– Es increíble la capacidad que tienes de estar en el lugar adecuado en el momento preciso.
– ¿Tú crees? -respondió sorprendida.
– Bueno, no creo que solo se trate de eso. Porque a mí me puede pasar la misma situación pero te aseguro que mis desenlaces nunca acaban del mismo modo que los tuyos, con tanto éxito. Al menos no a la primera.
– Pues te aseguro que yo no hago nada -replicó.- Las cosas, simplemente, pasan. De un modo fluido, demasiado deprisa incluso, sin darme cuenta.
– Claro, a eso es a lo que me refiero. Tú no tienes que pensar qué hacer o qué decir. Es innato en ti, sale, surge, fluye. Y eso, te aseguro, te hace especial, y la gente lo ve.

Después de escuchar eso me he puesto a reflexionar sobre lo innato y aprendido del fluir en las relaciones humanas. ¿Qué hace que nos presentemos a los demás, simplemente por lo que somos, por cómo somos, sin pretensiones ni máscaras? Creo que la respuesta está en el no tener miedo a perder. Cuando no tienes nada que perder saltas al vacío, confiando en tu propio paracaídas, y sabiendo que, aunque al final puede ser que llegues a tierra con magulladuras porque este no llegó a abrirse bien, las vistas desde arriba y la velocidad de la bajada no te lo quita nadie. Se trata de confiar en que, pase lo que pase, siempre ganas.

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