Monstruos que tienen miedo

A raíz de una consulta que tuve el otro día, en la que una compañera de trabajo habla a gritos a mi paciente (cuando no la ignora), mira con desprecio y mete cizaña con los clientes, empecé a reflexionar sobre los abusadores y todos aquellos que maltratan a otros con palabras y hechos.

Inevitablemente, esos pensamientos me llevaron a mi etapa de colegio, cuando entre cuarto y octavo de EGB sufrí bullying en clase. Os aseguro que fueron años difíciles, pues ir a clase se volvió un suplicio. Recuerdo los cuatro trayectos que hacía cada día, dos de ida y dos de vuelta, llorando sin parar, con angustia y miedo. No entendía qué había hecho para merecer tales humillaciones, yo que no me metía con nadie, iba a mi bola y que solo me centraba en estudiar y sacar buenas notas.

Me pongo a pensar en los pacientes que han sufrido bullying, mobbing, en los negros acosados por el Ku Klux Klan, en los judíos por Hitler… y veo un mismo patrón: el miedo. Pero no el miedo de las víctimas, amenazados, perseguidos y maltratados por los otros. Si no el miedo que esas personas sentían hacia lo diferente, hacia alguien que pudiera ser mejor que ellos. Entonces ahí el miedo se convierte en ira y violencia. El miedo les hace convertirse en monstruos.

Pienso ahora en qué podían temerme a mí en clase, pues ni era la más guapa, ni la más atlética, ni la más popular (no al menos en el buen sentido), ni la que tenía una vida perfecta… Pero sí tenía dos cosas que aquellos niños que tanto me torturaba no tenía: era feliz y me gustaba estudiar. Y para alguien que no es feliz, la felicidad molesta. Pues el miedo a no serlo nunca asusta.

Si entonces hubiese sabido lo que sé ahora, quizá hubiese hablado con ellos para saber de su infelicidad, o para ayudarles con sus estudios. Pero eso lo sé ahora, ahora que han pasado más de 20 años de aquello y he aprendido a ver más allá de los gestos.

Así que a mi paciente le pregunté qué era lo que tanto temía de ella su compañera de trabajo, y tan pronto lo vio, fue cambiando su actitud de víctima. Porque los monstruos son los que más miedo tienen.

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