Podemos cambiar el mundo, cambiando nosotros primero

En un estudio reciente se descubrió que nuestras acciones afectan hasta tres grados de separación. Es decir, si una persona deja de fumar, sus amigos también tienden a dejarlo, y los amigos de estos, e incluso los amigos de estos últimos. Así pues, es un hecho que lo que nosotros hacemos repercute en los demás, tanto las cosas buenas como las malas, desde el tabaquismo, al altruismo, la obesidad, la felicidad, la depresión, el alcoholismo.

Muchas personas, al saber que las redes sociales condicionan tanto nuestras vidas, creen que están condenadas a repetir los patrones que circulan por la sociedad, en su círculo de amigos y familia, o pensar que son responsables de que su entorno repita las conductas que ellas hacen. Al final, es uno mismo quien decide qué repetir y qué hacer de nuevo, decidir qué aprehende de bueno y de malo de su círculo social. Una persona no puede responsabilizarse lo que los demás hagan.

Sin embargo, si fuéramos más conscientes de que nuestras acciones y actitudes influyen no solo en nuestro entorno más cercano, sino a miles de personas cada día, sin duda nos detendríamos más antes de tomar una decisión o de adoptar un comportamiento.

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