Riesgos de vivir con personajes ficticios

Después de unas semanas de no parar, vuelvo a tener la calma para sentarme a compartir con vosotros las reflexiones que van surgiendo en consulta, y también de aquello que voy experimentando y aprendiendo de la vida.

En estas semanas le he estado dando vueltas a la idea de la realidad y la ficción. Más específicamente a las cualidades que damos a los demás, cuando realmente no las tienen, creando así personajes ficticios, muy distintos a lo que son. Pero, ¿para qué necesitamos inventarnos personajes en nuestra vida real? ¿Qué función tienen? ¿Y qué peligros?

Vemos en los demás atributos que no existen cuando deseamos que la realidad se ajuste a nuestras necesidades emocionales. Por ejemplo, si deseamos tener pareja, cualquier muestra de atención por otra persona la interpretaremos como una señal de interés sentimental por su parte. Si tenemos una carencia de atención o autoestima es probable que busquemos y esperemos de los demás que nos halaguen, y cuando lo hagan, desearemos que lo hagan más, e incluso lo provocaremos. Por tanto, su función es tratar de paliar o cubrir nuestras necesidades personales, emocionales.

El riesgo que corremos al vivir de la ficción es que empezar a alejarnos de la vida real, de los sentimientos verdaderos, de las personas verdaderas. La vida oficial, la real, la vamos dejando de lado para vivir esa vida de fantasía, que sólo expermientamos nosotros, en privado. De este modo nos alejamos de la vida pública y real, y hacerlo es alejarnos de lo que de verdad importa.

Ser conscientes de que ponemos en marcha este mecanismo nos puede ayudar, por un lado a darnos cuenta de nuestras carencias y necesidades; y con ello buscar un modo más sano de resolverlo. Y por otro lado, vivir la vida de un modo más genuino y auténtico, y conocer y disfrutar a los demás por quienes son, no por quienes nos gustaría que fueran.

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