Sería fantástico…

«Sería todo un detalle
y todo un gesto por tu parte
que coincidiésemos, te dejases convencer
y fueses como yo siempre te imaginé.»

Estas líneas canta Joan Manuel Serrat en su canción Seria fantàstic. Y cuántas personas anhelan justamente eso que él canta con ironía: desearían que sus padres hiciesen las cosas como ellos creen que deberían hacerlas, sus amigos, jefes, e incluso parejas. Sin pararse a pensar que cuando deseamos que algo no sea como es, estamos negando la realidad, y con eso, a la persona que tenemos delante.

Vivir de ideales, a diferencia de lo que mucha gente piensa, puede llegar a ser peligroso y dañino para la persona y todo lo que le rodea. Cuando vivimos de ideales, vivimos de lo que  nos gustaría que fuese. En otras palabras, y como la propia palabra dice, vivimos de ideas. Vivir de ideas y de pensamientos es perdernos todo lo que a través de nuestros sentidos nos llega, es no pararnos a sentirnos. Es no vivir en el aquí y el ahora.

Algo muy diferente es vivir con objetivos. Y eso es necesario para vivir, para ilusionarnos y para seguir adelante. Los objetivos nos ayudan a buscar vías para conseguir lo que queremos, despiertan nuestra curiosidad y gracias a ellos desarrollamos la creatividad y el ingenio. Es decir, nos hace más inteligentes y hábiles para la vida.

Así pues, no busquemos ideales ni deseemos que las personas que nos rodean sean de diferente manera. Aceptemos la realidad como es, sin cansarnos de ponernos objetivos para disfrutar cada vez más de la vida y de nosotros mismos.

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