Sin fe nada tiene sentido

Hace unos días me preguntaba una paciente en consulta: «Nika, ¿tú tienes fe?» Por supuesto, le dije yo. Sin fe mi trabajo no tiene sentido.

Y es que más allá de pensar que la fe es una creencia religiosa, la fe es lo que nos hace estar vivos, es lo que nos da la confianza de que podemos cambiar, evolucionar y ser más felices. Gracias a la fe puede darse la amistad, pues sabemos que el amigo, el buen amigo, estará a las duras y a las maduras; y también puede darse el amor, al confiar en el otro, en su bondad, respeto y cuidado hacia nosotros. Obviamente en mi trabajo es una herramienta indispensable con la que necesito contar y en ocasiones transmitir a los que vienen a consulta, pues han dejado de tener fe en sí mismos, en su entorno, en un presente, un futuro.

Claros ejemplos de momentos donde se pierde la fe es cuando un miembro de la pareja decide romper, pues siente que nada va a cambiar en la relación o percibe que no irá a mejor. Otro ejemplo es cuando decidimos dejar un trabajo, al evaluar las condiciones y la situación en la que estamos, pues prevemos que estas no mejorarán. Y por último, el suicidio es otro ejemplo de esa falta de fe hacia uno mismo, ante la posibilidad de dejar de sentir el malestar que sienten y visualizarse bien. Las personas que deciden suicidarse han perdido la fe y sin fe no somos nada, nada tiene sentido.

Tener fe en algo o en alguien es necesario para vivir. En ocasiones es necesario buscar ayuda externa para ayudarnos a recuperar esa fe, sobre todo en nosotros mismos. La fe, el convencimiento de que las cosas mejorarán y estaremos mejor en un futuro es lo que nos hace seguir, lo que nos hace poner en marcha los recursos necesarios para seguir caminando en busca de la felicidad y del bienestar. No dudéis de vuestra fe, no os canséis de buscarla.

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