“Te quiero”. ¿Y ahora qué?

Últimamente vivo y observo situaciones curiosas respecto al amor. Expresar el afecto que sentimos a una persona se ha convertido en un acto poco habitual y que, en ocasiones, se dice para obtener algo a cambio. Se suele buscar un “y yo también” o un cambio en el modo de llevar la relación. Es como si pronunciar un “te quiero” tuviera consigo implícito el hecho de hacer algo,  una reacción obligada.

– Te quiero.
– ¿Qué vamos a hacer con esto?
– Yo nada. ¿Y tú?
– Yo también te quiero. Pero sufro por no saber cómo materializarlo.

Cuando decimos esas dos palabras, ¿las decimos por nosotros o las decimos para el otro? Lo que sí observo es que suelen llevar consigo una finalidad, y es obtener algo.

En esta época moderna en la que estamos, donde dar nuestra opinión se ha convertido en un acto más que común, donde todo el mundo se siente con conocimiento para dar su juicio de valor, nos hemos olvidado por completo de expresar lo que sentimos, y cuando lo hacemos, es buscando algo a cambio. ¿Dónde ha quedado la esencia de la simple expresión emocional? ¿El propio placer de gritar a los cuatro vientos el amor que sentimos?

Estamos demasiado acostumbrados a expresar críticas, malestar y sentimientos desagradables. Nos desahogamos expresando rabia o tristeza, y al expresarlo lo hacemos más real, por lo que esos sentimientos puedes aumentar sin darnos cuenta. Así pues, al expresar amor, gratitud y cariño provocaremos en nosotros que esos sentimientos se vean aumentados, siendo al fin y al cabo nosotros los grandes beneficiados.

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