¿Y cuáles van a ser tus mínimos?

Dentro de la formación en Bioética que tuve cuando me formé en Madrid, aprendí que en todos los aspectos de nuestra vida existen unos mínimos y unos máximos. Entonces lo aprendí aplicado al mundo sanitario, a la toma de decisiones con pacientes y al modo de trabajar de cada uno. Pero recientemente lo estoy aplicando a mis relaciones con los demás, pues creo que el hecho de tener unos mínimos y unos máximos (de los que os hablaré otro día) puede facilitar las cosas y evitar dolor y sufrimiento a corto, medio y largo plazo.

A qué se referirá con eso de poner mínimos a los demás, os estaréis preguntando. Pues bien, me refiero al hecho de poner límites por lo bajo para que sea posible una relación, para que haya una interacción. Entendemos que hay mínimos, por ejemplo, en el trabajo. Cumplir con el horario establecido y con unas funciones son los mínimos para que conserves el trabajo y te paguen un sueldo, ¿no es así? Entonces se trata de poner unos mínimos para que algo entre dos personas exista, sin lo cual, no puede haber relación alguna.

Mis dos mínimos son que me respondan los mensajes en 24h y que me pregunten cómo estoy. En los tiempos que corren, donde estamos conectados a la tecnología a todas horas, no responder un mensaje significa falta de interés. Al igual que el segundo mínimo, pues el hecho de no preguntar a alguien cómo está es señal de desinterés hacia la persona y de tener una relación unidireccional, y yo quiero en mi vida relaciones equilibradas y sanas.

Me sorprende cuando cuento esta idea y mis mínimos a mis pacientes y amigos. Al principio se sorprenden de que ponga mínimos a la gente, pero al final acaban pidiéndome prestado mis mínimos e incluso ellos mismos crean los suyos propios. Algunos que han ido surgiendo en la consulta han sido: no aceptar que me griten, que no monten espectáculos y dramas en la calle, si yo me esfuerzo por quedar con alguien que el otro también lo haga…

¿Y qué pasa si alguien no cumple esos mínimos? En mi caso lo tengo claro: los elimino de mi agenda y no vuelvo a contestar un mensaje. Y sí, ya lo he hecho en alguna ocasión. Existe mucha gente válida, atenta y cuidadosa en el mundo con la que compartir la vida, os lo aseguro.

Así que os animo a que pongáis vuestros propios mínimos y también las consecuencias para quien no los cumpla. La sensación de ligereza es fascinante. ¡Probadla!

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