Cuando nos salta algún resorte emocional

Hace unos días en consulta una paciente me comentaba la desconfianza que sentía hacia su nueva pareja. Es consciente que esa desconfianza no está ni mucho menos relacionada con nada que esta nueva haya podido hacer. Sin embargo no puede evitar, cuando le hace ciertos comentarios, que salte un resorte en su interior y se ponga en alerta.

– Soy consciente que ese resorte salta porque esas palabras ya las he oído, ya me las creí y me hicieron daño en el pasado, porque fueron todo mentira -me decía ella-. Mi anterior pareja siempre me decía que antes de serme infiel me dejaría, y no fue así. Me fue infiel y me enteré, no por que ella me lo dijera. Así que ahora, cuando oigo esas palabras en mí pienso “ya, sí, seguro que tú también me engañas…”. Y quiero dejar de sentir y pensar eso, porque acabará afectando a la relación.

Cierto es que no podemos borrar ni eliminar lo que hemos vivido en el pasado pero, ¿qué podemos hacer para que esos resortes no nos paralicen ni nos hagan anticipar actitudes?

Somos quienes somos por todo aquello que hemos vivido, sentido y aprendido en el pasado. También de las circunstancias que nos han hecho daño. Está comprobado que aquello que nos dicen que no concuerda con lo que después nos hacen es lo que más daño nos causa y más difícil de olvidar nos resulta.

Por supuesto esto no sólo es aplicable a la vida sentimental. También a la laboral, social, familiar… Pero es quizá a la hora de reanudar una relación, y sobre todo cuando escuchamos palabras que nos hacen traer el pasado, cuando más a la defensiva nos ponemos y más miedo tenemos.

¿Cómo reducir la intensidad de ese resorte? Una de las estrategias es pensar que la persona que tenemos delante nada tiene que ver con la que conocimos en el pasado. Segundo que nuestra historia nos puede ayudar a tomar precauciones, no a desplegar un arsenal defensivo. Y tercero, no olvidar que si fuimos capaces de superar la situación anterior, ya contamos con los recursos necesarios para hacer frente a esta nueva y a las demás que nos permitamos vivir.

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