“Me siento idiota siendo tan empática”

Ayer estaba en Barcelona compartiendo un té con mi querido amigo Francesc Miralles y hablábamos de la empatía que muchas personas tienen hacia la gente que las rodea, y de la que también carecen muchas otras. Y en medio de esta conversación llegamos a la cuestión a la que llevo varias semanas dándole vueltas: ¿es probable que tener un exceso de empatía pueda llegar a ser perjudicial para uno mismo? ¿Ser demasiado empático puede significar justificar continuamente el comportamiento de los demás?

Recordando la definición de empatía, se trata de ponerse en el lugar del otro, entendiendo los motivos, causas y consecuencias de sus acciones, pensamientos y sentimientos. Ahora bien, ponerse en el lugar del otro y llegar a entender sus razones no significa justificar todo lo que hagan, y mucho menos tolerarlo o perdonarlo.

Al fin y al cabo, tener más o menos empatía de nada le sirve al que tenemos delante, pues él seguirá actuando como quiera, o como le permitamos. Tener empatía sólo nos afecta a nosotros. Pero ojo, no confundamos tener empatía con los demás con dejar que nos dañen o nos pisoteen. Antes que hacia nadie, es básico que tengamos empatía hacia nosotros mismos y entendamos nuestras razones y comportamientos, para poner límites a los demás o elegir cuánto empatizar con ellos.

La empatía genera compasión y la compasión genera amor. Quiérete. Compadécete de ti. ¡Empatiza contigo!

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